Blanca (I)

lunes, septiembre 22, 2008

Ella con alzheimer.


Una cama de hospital la saludaba todas las mañanas mientras que el sol le recordaba, por algunos segundos, que era de día y que la luna se había escondido. Había creado cierto miedo infundado a esa esfera brillante que salía cuando las personas la iban a ver con unos caramelitos que la hacían dormir profundamente o cuando el muchacho de bata blanca llegaba y apretaba algo así como un insecto en la pared y de repente el cuarto se llenaba de algo brillante. Solía abrir los ojos exaltada, buscando alguna mano que la guíe, pero sólo encontraba cables y algunas cajas extrañas que hacían ruidos raros y mostraban imágenes bastante bonitas; unas líneas que seguían cierto ritmo y unos signos que seguían un patrón extraño. A Blanca le encantaba uno que tenía forma de una silla puesta de cabeza, otro que parecía un muñeco de nieve y el más peculiar era uno que tenía forma de pato. Juntos todos, esas figuritas perecían bailar una coreografía, intercambiando sus puestos entre ellos y brillando cuando el muchacho de bata blanca se olvidaba de matar al insecto en la pared para que todo se ilumine.

La única cosa que Blanca siempre recordaba era que estaba unida a una de esas cajas extrañas. Esa relación y conclusión siempre se la hacía cuando miraba su muñeca izquierda y veía algo así como un hilo grueso que iba desde su mano hasta una botella un tanto maltratada. Se ponía algo triste cuando venía el muchacho de bata blanca, ya que este tomaba a la botella -a la que Blanca contaba todas sus grandes historias, como el descubrimiento de que también tenía esas extrañas bolitas alargadas en los pies -así como en sus manos- y que tenía un nudo justo en el centro del estómago-. Tranquilícese Blanca, le decía el muchacho, pronto la botella volverá, Con que se llamaba botella, decía Blanca todos los días, gracias por decírmelo jovencito; luego de haberle preguntado muchas veces, ella nunca se dignó a contestarme.

Cuando Blanca podía levantarse de la cama, siempre se quedaba parada frente a otra persona que se encontraba en el fondo de la habitación. Le encantaba poder alcanzar ese rincón, ya que la persona que la esperaba hallá hacía exactamente lo que ella quería. Si Blanca levantaba la mano, la otra persona lo hacía, si Blanca movía la boca, la persona lo hacía, si Blanca movía esas extrañas bolitas que tenía en los pies -una habilidad que después de adquirida no dudó en contársela a su amiga botella-, la persona lo hacía con el mayor de los gustos. Lo único que realmente inquietaba a la señora, era la apariencia de su amiga; tenía unas cosas extrañas que le salían de la cabeza, todas negras; un gran caos por decifrar. La parte donde sus manos y sus pies se conectaban era un tanto gorda, pero presentaba cierta armonía; dos figruas iguales debajo de su cuello le llamaban también la atención, pero les restó importancia cuando comprobó que su amiga también tenía un nudo en el centro del estómago. Cuando quizo tocarlo, sintió que no tenía la misma textura que el propio, esta era un tanto resbaladiza, plana y fría. Blanca le dió un golpecito con las bolitas que le salían de los dedos, y la persona hizo el mismo movimiento; el choque de las bolitas era totalmente diferente al que Blanca sentía cuando lo hacía con ella misma y sus dos manos. Intentó toda la tarde sin resultado sacarle el nombre a su compañera, pero nunca lo logró porque esta hablaba al mismo tiempo.

Tal vez la emoción del descubrimiento fue la causante de que al día siguiente pidió que cambiaran al muchacho de bata blanca por aquella mujer que estaba al fondo del cuarto. Le dijeron que era imposible y Blanca ahogó un grito, miró a un costado, y vió cómo una muchacha que nunca habia visto -inclusive pensó por un momento que era su amiga- le daba esos caramelitos que tanto odiaba.

Blanca no despertó al día siguiente.

[...]

1 aportaciones:

Blanca dijo...

me sentí muy identificada con esta historia narrada de manera detallista, y ¿sabes por que me gustó?...por que yo me llamo BLANCA y mi nickname es ALBINA.

asi que te agredezco por nombrarme, pero no dejes que ese chico de bata blanca se me acerque, jajajja,saludos noe y sigue escribiendo sobre Blanca.