Existen ocasiones diversas en nuestra vida cotidiana.
Querer es una de ellas. Recordar también.
Expresar el cariño con palabras es la manera más próxima de alcanzar la perfección. Tal vez Dios no nos deje traspasar aún esa línea que nos divide entre intentar describir una realidad y materializarla. Tal vez no es Dios el que nos lo impida. Tal vez somos nosotros mismos. O nuestro miedo. O simplemente sean esas ganas que le tenemos a esos chispasos de alegría contundentes que marcan, no épocas, si no lapsos de tiempo donde, a pesar de estar en las nubes, pisamos tierra firme.
Y qué decir cuando te piden una opinión personal acerca de un tema tan trascendental como la manera que actua una persona o su verborragia frente a alguna situación? Y que esa persona sea a la que más admiras en este mundo? Admiración por qué primeramente; admiración Porque Me Escucha. Y no digo que ponga oido y silla para que yo hable.
También me trae el vaso de agua para mitigar el cansancio de mi lengua cuando termina de expresar una idea.
Deberían dejarnos volar libres desde el nacimiento...
Para así poder aprender solos lo que es tener alas y no simplemente acomodarnos las plumas cada vez que el viento nos revuelva la conciencia.
¿Supervivencia quizás? No, más bien, un método de aprendizaje continuo; a nadie le gusta caer, pero es peor que mientras se vuele alguien más estiré su ala invadiendo nuestra libertad, nuestra visión.
Nuestros sueños.
¿Quién osaría retarnos si no hemos sido totalmente contaminados por esa avaricia del acaparamiento de la verdad absoluta, de una verdad que intenta regir a todos y premiar tanto como castigar por igual a quienes la siguen o no?
Quién osaría retarnos entonces si tenemos fijo el pensamiento de que todo es posible si se quiere, en el marco, tanto de volar, de soñar, de escapar de esa verdad absoluta.
Pobre sí el que intente desafiar el sistema.
Será reemplazado, inmediatamente la tribu se dé cuenta que no es como los otros, por alguien más astuto -tal vez-, más osado -quizás-, o simplemente siguiendo las Leyes de la Vida -por lo general- que pueda satisfacer otras necesidades más banales y rutinarias.
Así hasta que la evolución decida quién debe extinguirse.
Es casi imposible entender, pero sí sentir, tal vez, la hora en que te quieren vender gato por liebre. Saber que en una afirmación comparativa, rescatando puntos que no vienen al caso, se intenta hacerle notar a una persona que está equivocada o que simplemente no está de acuerdo de una manera burlezca y adoptando el papel de vítcima, sencillamente no funciona.
Porque cuando se dice algo que de alguna manera afecta al proceder de alguien, no es porque quiera lastimarlo o hacerlo sentir menos, si no porque quiere hacerle notar con todo el cariño que está equivocado. Qué sucede entonces, si la conversación se maneja en ese nivel y de palabra a otra la persona aludida cree que el mundo está en sus manos y ataca por doquier.
Si eso es válido entonces, dónde queda la amistad.
Recuerdo que el año pasado, en una de esas tardes calurosas, me dijiste fervientemente que estudiarías en la Universidad Privada de Santa Cruz y que yo tomaría el camino de la Escuela Militar de Ingeniería. Después de discutir mucho, llegamos a la conclusión de que podríamos describir nuestras futuras universidades en algunas palabras. Tal vez el resultado fue que terminamos convenciendo al otro.
Tú te fuiste a la EMI y yo a la UPSA.
Gracioso, no?
Un abrazo.
PD: Para que no me reclames como la anterior vez.
Esto lo hicimos los dos, no sólo yo.
Una mañana de julio Pasé por el lugar que iluminó mi futuro Supe que era para mi; sin pensarlo Acaricié mi sueño materilizado
Entre tanto, en la soledad amezante Me mostaste la verdad en un dibujo Intenso, real, tuyo
Usurpaste furtivos pensamientos Pensando que te pertenecían Sabias que eran prohibidos A pesar de la intensa neblina que los rodeaba, los viste
Escapaste, te fuiste Me vengaste con el viento y lo cegaste Incluyéndome a mí y a mi muñeco de nubes
Una densa mentira cubrió Puras palabrerías Soñando con hacerlas realidad Añorando ser escuchadas
En ciertas líneas te dije sin decir Mi más guardado secreto Imagina que soy alguien más, pero que te dice, Te quiero
Un cielo azul Para poder recordar tu pureza Sol radiente que ilumine tus ojos Apresaron mi corazón
Entonces, me dijeron que no te vería más Me mintieron las constelaciones que, de brillo en brillo Invitaban a que nos sentemos en su galaxia por siempre
Un poco de inocencia Para poder ver la virtud de tu alma Solo con una mirada Amarraste a mi corazón tu recuerdo
Emitiste un sonido a lo lejos Me miraste y agitaste los brazos, pero la Interferencia me impidió escuchar algo más del Te necesito
Los días amanecen claros últimamente; el sol se refleja en las lozas, se refleja en ellas y forma figuras graciosas con el polvo, y se refracta en mis ojos, haciéndolos lagrimear. Algunas lagañas caen a la cama y se aplastan con el peso de mis dedos. Me toco el pelo, lo bato un poco, y veo que se encuentra más acomodado que el día anterior.
Esa es una buena señal, un día bueno se avecina.
Recuerdo, cómo no hacerlo, si fue hace algunos días. El jueves por la mañana, luego de un miércoles funesto, de esos Días Malos, al llegar a la Universidad, uno de mis amigos se acerca corriendo y me dice, Noé, Wilson se ganó la beca Patiño.
Dios y el sol nunca mienten, y esa noticia, luego de asimilarla, alegró mi día, alegró el día de toda una comunidad y de todo un grupo de amigos y conocidos que brindamos en su honor.
Fue de esos Días Buenos, donde se recogen frutos de una siembra productiva, donde se siente que la felicidad está a la vuelta de la esquina y que nada es imposible.
El sol continúa brillando hasta hoy, con sus rayos refractados y todo incluido.
Eso sí, siempre con la conciencia de que a uno le dura la sonrisa mientras uno se mantiene firme ante lo que quiere.
Recuerdo con nostalgia cada día que pasaba en mi niñez y que tachaba de Este fue el peor día de mi vida; un raspón en la rodilla, un pelotazo en la nariz -con consecuencias a futuro no muy agradables-, una reprimienda, una palabra borroneada que terminaba destruyendo una hoja, la punta de un lápiz intajable, los colores que nunca respetaban la línea gruesa -con consecuencias a futuro también no muy amigables-, el jugo de frutas amargo, la leche derramada en el suelo, el Super Nintendo estático, la charla constante y desvariada de amigos desconocidos, los dolores de cabeza constantes, los nervios, el deporte obligado, en fin, tantas cosas...
Sobre los días malos, tal vez ahora vistos desde otra dimensión; un raspón en el corazón, un pelotazo a la razón -con consecuencias a presente no muy certeras-, una reprimienda, una palabra estática que terminaba destruyendo una amistad, la punta de un problema inzanjable, los colores que nunca respetaron las ideologías -con consecuenias a presente también no muy certeras-, la miel de los besos amargos, las oportunidades derramads por el suelo, el Wii estático, la charla constante y desvariada de los políticos, los dolores de cabeza constantes, los nervios, el sedentarismo obligado, en fin, tantas cosas...
Noé Caballero... Tal vez alguien un tanto reaccionario, turbulento, dinámico, pero sobre todo, apasionado.
Un tanto extrañado con la definición de A entendedor pocas palabras... es posible que ese mito pueda romperse con el desarrollo de estas hojas y este lápiz que han estado conmigo siempre...
Es posible también decir que he nacido con ellos, bajo el brazo...
Tal vez faltó el tajador; aunque eso se pudo conseguir después.
Noé Caballero tiene una sola identidad y su disfraz es conocido por alguién, quien lo bautizó involuntariamente, con sus designios y carisma, con su alegría y su sonrisa; con sus consecuencias, estas dos palabras que me acompañan le rinden un tributo... a la Diosa de mis pasiones y a la dueña innegable de mi corazón.