Caminando me dijo
que si Dios existía
vendería la Tierra al mejor postor
para quedarse con el dinero
y comprarme alguna que otra estrella.
Deteniéndome le contesté
que si Jesús existía
le compraría la Tierra como mejor postor
para apoderarme de ella
y regalarte el paisaje que más gustes.
Abrazándome me dijiste
que yo era tu mundo
y que si hubiera Dios
eran mis ojos.
Recorriendo tu pelo contesté
que en realidad tú eras mi mundo
y que si hubiera Jesús
era tu sonrisa.
Mirándome fijamente te acercaste
y dijiste Te quiero,
terminaste
y cerraste los ojos.
Mirando tus pestañas te imité
y dije Te quiero mucho,
terminé
y me acerqué más.
Entonces dijimos,
que el mundo era nuestro
el tiempo era nuestro
y nuestras bocas una sola...
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