Prosa (II)

jueves, enero 28, 2010

Tu tranvía salía por la tarde, o eso era lo que decía el boleto que compramos la anterior tarde mientras caminábamos por aquel parque donde nos conocimos, donde por primera vez nos tomamos las manos, donde un día cualquiera comenzó a llover y nos resfriamos por docena junto a toda la gente que, conmocionada, nos veía platicando en una banca bajo esa catarata caída del cielo, un cielo que hoy no es más que un retazo de alguna pintura de Dios, un bosquejo de algún ángel o tal vez, lo más probable, el reflejo en tiempo real del humor de alguno de los dos; claro, las nubes se paseaban como si estuviésemos pastoreándolas a lo largo del horizonte, como si no tuviesen voluntad propia, como si su existencia dependiera netamente del movimiento de un dedo o de alguna clase de deseo... lo único que deseo realmente en este momento, es que el tranvía se atrase unos cuantos minutos, ya que la prosa ya no me alcanza para distraerte por mucho tiempo más....

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